capitulo 16

867 Palabras
A pesar de tener un tiempo para llenar mi mente todos los días, no puedo dejar nunca de pensar en aquella noche. En la mañana siguiente. Todos los días, al llegar de trabajar, aún espero como una tonta encontrarme a Balthazar en la casa. Sigue sin pasar, desilusionarme cada día un poco más. Y luego de la decepción, llega la vergüenza de seguir esperando por un estúpido fantasma que me ha follado unas pocas veces y nada más. A pesar de repetirme todos los días que solo ha sido una aventura y el pase de salida de ese idiota, que debería olvidarme de todo y agradecer que ahora tengo una casa sin fantasma. No pude evitarlo y me puse a buscar información sobre Maxwell Manor, tratando, estúpidamente, de encontrar algo sobre Balthazar, lo que sea. Lo sé, soy una idiota. Y como la idiota que soy, incluso llamé al abogado que me dio la casa. Pero él nunca contestó, extrañamente. Busqué en cada rincón de la casa, esperanzada en encontrar lo que fuera que pudiera ayudarme en mi poco digna investigación, pero nada. Ni fotos, ni documentos, nada. Por lo que, luego de haber pasado tres semanas, por fin me propuse a mi misma dejar el tema atrás, entendiendo que Balthazar solo me ha utilizado, me ha follado y se ha largado sin mirar atrás. Soltando un suspiro, dejo caer el trapo sobre el charco de vómito que acabo de crear, manchando el suelo de la biblioteca en la que me he despertado, luego de una pequeña siesta. Al hacerlo, me digo a mí misma que nunca más probaré los inventos de Abby, no importa cuánto insista. Pasadas unas pocas horas de haberme quedado dormida con un libro sobre mi rostro y totalmente despatarrada sobre el cómodo sofá de la biblioteca de la mansión, las ganas de vomitar lograron despertarme, obligándome a inclinarme y vaciar todo mi estómago sobre el suelo. Lo sé, asqueroso. Aún mareada, logro limpiar todo el desastre y voy al baño de la planta baja para quitar el asqueroso sabor que el vómito dejó en mi boca. Me cepillo los dientes, antes de salir de allí a paso lento y pesado, con dirección a las escaleras en tanto tomo el teléfono que compré hace tan solo una semana. Llamo a Lucas y le explico la situación para pedirle el día de mañana libre mientras observo los escalones de la escalera con cansancio y escucho su respuesta afirmativa y su dulce propuesta de venir a visitarme luego de su turno. Su entrañable amabilidad me hace acordar a mi mejor amiga Adele, y un nudo se forma en mi estómago al pensar en ella y recordar que en todas estas semanas no me ha llamado ni una vez y tampoco ha contestado los mensajes que le he mandado desde que tengo el teléfono nuevo. Recordarlo me entristece tanto como para llenar de lágrimas mis ojos y obligarme a terminar la llamada con mi nuevo amigo mientras comienzo a subir las escaleras. Sin embargo, decirlo es mucho más fácil que hacerlo, porque cuando subo los primeros escalones, un fuerte mareo me desestabiliza y hace que caiga inevitablemente hacia atrás. Un jadeo horrorizado escapa de mis labios al sentir la gravedad llevándome al suelo directo e, instintivamente, cierro los ojos con fuerza, esperando el doloroso impacto contra mi culo. Pero no ocurre, gracias a unas enormes manos que me toman firmemente de la cintura, evitando que termine en el suelo, en tanto tiran hacia atrás para presionar mi espalda contra un firme pecho. —¿Qué rayos...? — jadeo y mi corazón ya acelerado da un tumbo. Sin darme tiempo a procesar nada, aquellas mismas manos me obligan a girar con brusquedad, dejándome de frente a un alto y enorme cuerpo, vestido solo con unos pantalones vaqueros y con un esculpido abdomen y pecho al descubierto. Alarmada, observo hacia arriba, encontrándome con aquellos conocidos ojos oscuros que me miran sin sentimiento alguno y con el ceño fruncido. No puedo evitar soltar otro jadeo de sorpresa al reparar en que son los ojos chocolate de Balthazar los que me devuelven la mirada con intensidad, observándome con la misma seriedad y oscuridad de siempre, pero con un brillo en sus ojos que no he visto antes. —Volviste... — susurro, aún en shock. Mi voz entrecortada, hace que una minúscula sonrisa burlona deforme sus gruesos y apetitosos labios. ¿Apetitosos, Valerie? ¿En serio? El tipo te folló, te usó y te abandonó, concéntrate, mujer. Recordarlo, hace que suba mis manos a su duro y caliente pecho con la intención de alejar mi cuerpo del suyo, pero no lo permite. Toma aún más firmemente mi cintura para elevarme en el aire con su fuerza paranormal. —Bajame, idiota — demando y golpeo sus hombros. La nueva altura me da vértigo y, en un acto reflejo, llevo mis manos a sus bíceps, intentando sostenerme de algo mientras intento contener las ganas de vomitar que vuelven a embargarme —. Joder — cierro los ojos y respiro profundo. Pero sus próximas palabras me ponen peor. —Claro que volví, niña tonta. Nunca dejaría a mi hijo y a mi mujer. ____________________________
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