—Ac tenebras vivimus — responde en alto el castaño frente a nosotros, observando a Balthazar detrás de mí con respeto y admiración. Frunzo el ceño. ¿Qué acaba de decir? —Ac tenebras non morietur — musitan a coro los hombres y mujeres atrás, dejándome totalmente confundida. —De la oscuridad vivimos y por la oscuridad morimos — susurra con ronquedad sobre mi oído Balthazar. Lo observo, pero su mirada ahora está en Aitor, a quien le asiente, pareciendo ordenarle algo. —Tráiganlo — ordena. Aitor le hace señas a cinco hombres que se encuentran rodeando una enorme camioneta negra a unos cuantos metros del porche. Extrañada, observo como esos otros minions de n***o asienten en respuesta y abren la puerta trasera del coche, sacando de él el cuerpo encadenado, amoratado y sangrante de Ragnar

