capitulo 93

1022 Palabras

Ya casi es hora. Vuelvo a poner mis ojos sobre mi pequeña humana cuando la escucho quejarse un poco y removerse entre las sábanas, antes de quedarse completamente dormida de nuevo. —Espero que no me temas, pequeño corderito — digo en alto para ella, no muy seguro de si podrá oírme, alargando mi sonrisa y rozando tentativamente mis dedos contra mi dura y venosa polla —. Porque te prometo que cuando te haga gritar, no va a ser de dolor — aseguro con ronquedad. No, vas a llorar de placer, pequeña. Mis bolas se contraen ante ese pensamiento y aquella nueva sensación me advierte que la noche ya está cayendo y que la luna llena está haciendo su trabajo con mi cuerpo. Ya es hora. Estúpidamente emocionado, salgo de la habitación y me encamino hacia el despacho principal en busca de las cad

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