Le cortaré dedo por dedo. Un gruñido escapa de mis labios cuando el imbécil comienza a tirar descuidadamente del brazo de Valerie y a arrastrarla por la calle, adentrándolos a ambos en un callejón mientras parecen discutir en voz baja para no llamar la atención. Mis manos amenazan con abrir la puerta del Jeep para salir de él y seguirlos, pero desisto y, en cambio, me giro hacia mis hombres y les ordeno rodear la calle y llevarme hasta el otro extremo del callejón, lo cual no tardan en acatar cuando ven el salvajismo y la ira que desprende mi mirada. Voy a desprender su cabeza de su maldito cuerpo. ¿Quién mierda se cree que es para tomar a mi mujer así? Por suerte, el lado del callejón en el que el conductor de mi Jeep estaciona se encuentra casi en penumbras y me permite bajar del

