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1415 Palabras
CAPÍTULO 4 Lo primero que vio fue una falda corta y tableada. Le seguía una camisa y corbata perfectamente anudada bajo un jersey cachemiras que parecía nuevo. Sobre unas piernas lechosas y largas, descansaban medias hasta la mitad del muslo, adornados con un lazo en la parte superior. Largos rizos castaños en cascada por los lados de su cara brillante, enmarcando sus ojos miel de mirada tierna, con un destello salvaje. Eso era lo que admiraba Jack: una chica perfecta e inocente saliendo de una cafetería. Sin embargo, lo que le pareció raro de esa escena fue ver a Elijah Smith, el novio de su mejor amigo, salir conversando animadamente con ella. No pegaba un arrogante niñato con complejo de superioridad con una linda chica inocente congeniando. Estaba seguro de que algo andaba mal con eso, pero le restó importancia para seguir mirando las piernas ajenas. Perdido en sus pensamientos, no se dio cuenta de que Eli estaba frente a él, saludándolo junto a la chica. Desde una mirada tierna y luminosa, pasó a un gesto irritado y cansino, ese mismo que ponía cuando algo no era de su agrado.   —¡Jack! —gritó histérico mientras movía la mano frente a él— Deja de ser un maldito gorila idiota y saluda a Elliot, por lo menos demuestra que tienes modales y no has pasado demasiado tiempo sin estar en contacto con la humanidad y hablando con tu perro. Aterrizando en Houston y volviendo a la realidad, Jack espabiló: —Hola... —¿Cómo era que se llamaba la chica linda? Ah sí— Elliot. Elliot sonrió al pestañear con elegancia, mirándolo con los ojos entrecerrados, y dijo:     —Encantado de conocerte, Jack. Eli me habló de ti. Su sonrisa era malditamente bella, curvándose en un ángulo suave sobre sus dientes como perlas. Él corazón le latió más rápido y pensó, ¿Dónde había estado toda su vida aquella chica? —Dominico te mandó a buscarme ¿No? Aún no le queda claro que puedo cuidarme sólo —cuestionó Eli, Jack asintió y los guió hasta el auto—Asegúrate de no ir como un retardado, Elliot y yo tenemos cosas que hacer. Jack rió: —¿Qué Dominico acaso tienes cosas que hacer aparte de mirarte al espejo y arreglarte el cabello? ¿No es eso lo que haces siempre, todos los días?  Elijah se tocó el pecho indignado. Él tenía muchas capacidades fuera de las compras. —A diferencia de los simios inútiles como tu, tengo cosas importantes que hacer, como estudiar, ayudar con algunos recados de la organización, asistir a reuniones, etcétera.  Elliot rió por la infantilidad y miró a Jack, escrutándolo y preguntándose si alguien tan lindo podía tener el suficiente cerebro como para participar en la mafia: —¿Tú eres la mano derecha de Dominico, o me equivoco? Extrañado por la pregunta (y más aún porque ella supiera esa información) respondió: —Así es, ¿De dónde sacaste tú ese dato, si se puede de saber? —si es que Elijah le había contado a una simple amiguita información confidencial, entonces el real inútil era él. —Mi familia está muy dentro del tema de la mafia, por lo que yo, casi que naturalmente, soy parte de ella. —explicó en simples palabras. Elliot estaba ocupando un eufemismo, su familia no estaba sólo inserta en la mafia, sino que ayudaban a dirigirla. El único que no participaba directamente era él, y eso porque aún le faltaban unos meses para terminar la escuela.  —Mm, vaya —se puso a buscar en su memoria alguna familia que tuviera hijas jóvenes. Ningún resultado— ¿Podrías decirme, entonces, quienes son tus padres, dulzura? Sonrió coqueto, de nuevo, disfrutando de la confusión de Jack con respecto a su género: —Mi madre es Mariah West y a mi padre, bueno, nunca lo conocí. Ah, Mariah... espera ¿Mariah? Ella era la narco a cargo de toda la zona oeste, directa subalterna de Dominico . Estaba un puesto bajo a su mejor amigo con respecto al poder, pero seguía siendo muy respetada e importante en la jerarquía. Por supuesto, estaba muy por encima de él, en términos de importancia.  Madre. Mía. Esta chica y su familia llevaban el apellido de más peso después del Malatessta.  —Un segundo, no puedes ser hija de la señora Marie, ella no tuvo hijas —replicó Jack mientras apuntaba con el dedo a Elliot. Aquí empezaba lo divertido, pensó el chico.  Ahora no era una sonrisa inocente para nada, era perversa y lujuriosa. Jack seguía fascinado, aunque un mal augurio se formaba en sus tripas: —Qué inocente eres guapo —dijo mientras lamía sus labios y besaba suavemente su mejilla— Tengo pene. Ambos chicos (le recorrió un escalofrío por la espalda a Jack), subieron a la parte trasera del carro y empezaron a cotorrear. La sexy imagen de Elliot seguía presente en su memoria, le agradaba demasiado como para seguir con su gusto por las tetas. Jamás había sentido algo así por nadie, su corazón se aceleraba y se sentía un idiota, como si su labia natural se inhibiese solo con un suspiro. Mierda, ahora iba a tener que matarse a pajas antes de dormir. Aunque había otra solución y era la que más le gustaba a Jack: Conquistar a Elliot y llevárselo a la cama en menos de lo que restaba del día. Muy recomendable, aunque poco hetero para su gusto. ... —Eli, el amigo de tu hombre está para comérselo con mayonesa —aseguró mientras entraba a la habitación de su compañero y cerraba— Es decir, si me confundió con una mujer debe ser tonto como una puerta, pero ¡A quién le importa! Está bueno. —Pues tíratelo —simplificó la diva. Mejor historia de amor que Crepúsculo, pensó mientras buscaba alguna lencería interesante que ponerse para la noche. —No es tan simple —alargó la última sílaba y empezó a rodar por el piso—. Sería lindo tener algo serio con ese maldito. Hay algo diferente en él... —Pues tíratelo y enamóralo—. Sabias palabras, agradables soluciones. Elijah no era de andarse con rodeos para hablar o actuar, excepto cuando se trataba de su vida amorosa, pero dado que eso igual resultó bien, no lo contaremos.  —Eli, te voy a patear tu culo de silicona como sigas intentando imponer tus soluciones putifuncionales. —sentenció Elliot, mientras se levantaba y lo apuntaba con un dedo, las cosas eran más complicadas que sólo sexo y balas, aunque Elijah parecía no darse cuenta de ello.  Ofendido, tomó un almohadón y empezó a golpearlo sin intención. Porque, vamos, si lo dejaba en serio Mariah le pondría una diana en la cabeza por haberle roto la cara a su hijo mimado.  —¡Nadie se mete con mi trasero natural! —gritó, aleteando y saltando con frustración—¡Na—tu—ral! No es mi culpa que ese simio sea tan raro y que tú seas tú. Las cosas son simples y se arreglan haciendo lo que hay que hacer, sino te terminas arrepintiendo después.  Elliot pensó, y pensó, y pensó y volvió a pensar. Llegó a la conclusión de que estaba demasiado necesitado. Porque estaba pensando en ofrecerse en bandeja de plata al primer mono heteronormado que había encontrado y estaba escuchando a Elijah. Nada más que decir. Bueno, decidió aceptar la realidad. Ya está, iba a ir a conquistarlo. —¡Adiós Eli!  —se despidió y salió de la habitación dejando a él nombrado quejándose sólo. —¡Voy a conquistar a esa hermosura con tres neuronas! Suspiró. Elliot era el chico más extraño que había conocido. ... Buscó por todos los rincones y recovecos de la gran mansión, pero el alto con cara de hastío no aparecía por ningún lado. Era como si hubiese desaparecido de adrede. De repente, mientras iba pasando por uno de los largos pasillos del ala derecha, se abrió la puerta de un baño y salió mucho vapor. Entre medio del vaho apareció una figura alta, con los músculos marcados y malditamente sexy. Ese era, en definitiva, el tipo caliente que los trajo a la mansión: Jack. En cuanto se dio cuenta de la presencia de Luhan, se le quedó mirando, este hizo lo mismo. No sabían cuánto había pasado, pero lo habían sentido una eternidad. Era como si una conexión los atara y embadurnara el aire de tensión. Se habían conocido ese mismo día pero pareciera como si, con ese simple juego de miradas, hubiesen estado juntos por años.  Apenas Jack recobró el sentido, se acercó a Elliot y lo pegó a su pecho. Levantó su barbilla y preguntó: —¿Puedo...? Sin pensarlo mucho él respondió: —Sólo bésame. Compartieron inmediatamente un toque profundo, pasional y lleno de química. Jack tomó de las caderas a Elliot y lo empotró contra la pared, sin parar de saborearlo en ningún segundo. Elliot empezó a besar su cuello, subió hasta el lóbulo y también mordió, para después susurrar contra de oído:   —Entonces, guapo, ¿Por qué no me muestras lo que sabes hacer?
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