2

1326 Palabras
CAPÍTULO 2 —Daddy... ¡Ah! —gritó— Más... Más....¡Ah, más fuerte Daddy! Eli gemía sin control, arqueando su espalda, con su amante entre las piernas y el calor embargándolo. Se volteó desde abajo de Dominico  a una posición más cómoda, su pecho contra las sábanas y su culo levantado, dejando a plena vista su entrada, solo para su dueño. Tan necesitado, tan sumiso, tan blanco... Malatessta puso sus palmas sobre el trasero de Elijah y le dio una nalgada que provocó estruendo en toda la gran habitación. Le dolió mucho, por lo que emitió un gemido gutural, que con la siguiente palmada se convirtió en agudo, lleno de indiscutible placer masoquista. Amaba tanto ser llenado por Dominico, en todos los aspectos, en todos los sentidos y en todas las posiciones. Esa sensación de extrema conexión, de placer mutuo, de tanto placer que era inimaginable… era indescriptible.  Si había algo que excitaba a Dominico, sin duda era Elijah. Sobre todo con su alter-ego en el que se comportaba como una perrita masoquista esperando a llenarse de él. Con la boca abierta, dejando un hilo de saliva en la almohada, gimiendo en descontrol con los ojos entrecerrados y las pupilas dilatadas. Como una invitación a destrozarlo sobre el colchón, sin piedad. Después de escuchar los gritos de su princesa no dudo ni un segundo en embestir, rápido, fuerte y duro. Tomándolo de las caderas  y estrellando las propias, en un delicioso vaivén. La habitación se llenó de sonidos obscenos que venían de la sensual pareja, rebotando en todas las paredes y reverberando, mezclándose con delirio. Era una música que denotaba tanta pasión, como rabia, como amor y como batalla. Dominico  volvió a cambiar de posición a Elijah y lo sentó sobre su erección, dejándolo arriba, para que tuviera el control del placentero momento. El menor no dudó un segundo en abrazarlo y besarlo apasionadamente, comenzando con los saltos desenfrenados, para darle a su novio todo lo que necesitaba. Movía sus caderas de una forma experta y a la vez inexperimentada, tan inocente y tan descarado. Juntaron sus frentes cuando todo se volvió frenético y se corrieron en un gritó de —Daddy —empezó Elijah—Te amo mucho... —Yo más, mi bebé, eres lo más importante para mi. Y se fundieron en un beso suave, amoroso, y, sin lugar a dudas, un ósculo que transmitía todos sus sentimientos. Lo mejor del sexo, era el final, cuando ambos llegaban a tan esperada conclusión, para después retozar en los brazos del otro con calma, encontrar el calor y el hogar. Era maravilloso.  ... —¡Maldito Idiota donde está mi delineador en plumón delgado número cinco! —gritaba la diva del hogar con un ojo a medio delinear y expresión de rabia. Solía perder sus cosas bastante seguido y culpar a los demás por ello. Si, así como lo hace tu madre. —Eli, yo no uso delineador —obvió Dominico — Seguro te lo dejaste en el departamento de Tokyo. Siempre dejas algo cuando viajamos. —... —se puso a pensar y efectivamente lo había dejado allí, junto a sus sandalias Gucci y el labial de Jeffree Star—. Agh, tienes razón, Dommie. Ambos se dieron un beso de despedida y partieron cada uno por su lado. Normalmente sus días no coincidían, porque ambos tenían actividades muy diferentes, desde que Elijah ya no trabajaba para la mafia como sicario, se dedicaba a vivir la buena vida: masajes, compras, lujos y amigos, además de viajar muy seguido con su novio a donde se les antojase. Era impresionante como contrastaba su antigua vida, de hambre y pobreza, con el despilfarrar dinero sucio en lujos que ni siquiera necesitaba, solo quería.  ... El menor se encontraba en el centro comercial junto a su amiga Vanessa después de haberse ido a tomar un café, yendo como cualquier mortal a gastar un poco de dinero... sólo que ellas irían a deslizar un par de cientos de miles del bolsillo. Estaban en el banco sacando dinero cuando una banda de hombres con pasamontañas invadieron el lugar, a punta de pistola y violencia. Atravesaron la puerta de manera rápida y saltaron la barra de las cajas, amenazando a los trabajadores y a los civiles para que metieran el dinero en las bolsas de tela que lllevaban. —¡Al suelo, todos! —gritó uno de ellos.  Eli alejó la vista de su teléfono, levantó sus lentes dejándolos en su cabeza y rodó los ojos. Detestaba cuando los niñatos que intentaban ser criminales interrumpían sus tareas diarias. En definitiva, le haría saber a Dominico que tenía que hacer algo, porque ya le estaban hartando. —Terminen el circo rápido —bajó la vista de nuevo a su celular, ignorando el que le pidieran que se tirara al piso. No tenía ni remotamente pensado prestarles más atención. Abrió la cámara frontal de su teléfono de última generación y se tomó una selfie.  —¡Al piso! —insistió el líder, apuntando su pistola con el ceño fruncido—.  ¡Te voy a meter una bala en la cabeza, tírate al piso! La exasperación en la cara del chico que le gritaba competía con la de Eli, pero él no se dejaría ganar. Suspiro y se aventuró en dejarle algunas cosas claras al maleante. —Te demoras demasiado en dejarme salir—empezó— Primero, voy a llegar tarde a mi cita de spa. Segundo, hoy fue un mal día y no estoy para los malditos juegos de unos chiquillos aburridos —sacó rápidamente su pistola en un solo movimiento, la cual era rosa pastel y tenía la inscripción de su nombre, con birllitos— Tercero, a no ser que quieran morir, no deberían tocarme un pelo. Los ladrones se miraban confundidos, sin entender. El cabeza fue el primero en hablar con un aire prepotente, desafiándolo: —¿Crees que te tenemos miedo? Solo eres un niño de papi que cree que por tener un arma va a lograr hacernos daño. Elijah rió, cargando su pistola  y moviendo su flequillo hacia atrás, con estilo. —Creo que no entienden —aclaró— Efectivamente soy el bebé de papi, pero.. ¿Sabes quién es mi Daddy? ¿Sabes quién soy yo? —¿Por qué habría de saber el nombre de un niñato, eh? Volvió a rodar los ojos con exasperación, aunque sintiendo como la satisfacción subía por su pecho, adelantándose a ese maravilloso momento, en que alguien escuchaba su nombre, su apellido y el nombre de su Daddy. —Bueno, entonces me presento: Mi nombre es Elijah Smith, próximamente Malatessta —dijo y sonrió victorioso. Vio como al líder de los canallas se le borraba la sonrisa de la cara y empezaba a balbucear, tartamudeando su nombre con auténtico terror. Incluso si no hubiese nombrado el apellido de Dommie, todos en el mundo del crimen sabían quién era.  —¿M—Malatessta..? —Si, Malatessta —la sonrisa creció y el pecho se le infló de orgullo— Novio, de Dominico Malatessta . Toda la banda se asustó, pero antes de que se fueran con el rabo entre las piernas, Elijah levantó la mano, en señal de que no podían irse. Los tenía en la palma de su mano, lamiendo la suela de sus zapatos y rogando con su vida mientras lo miraban, expectantes. —Quiero que se queden, para que observen el por qué no se pueden meter conmigo. Acuclíllate, basura —hizo agacharse al tipo pateandolo y él obedeció, sin rechistar. Miró alrededor y vio a madres y padres con niños, personas inocentes. Ellos no tenían la culpa de que los subordinados de su novio se descarriaran o que el mundo en el que él se movía fuese tan peligroso y hostil. Dentro de su corazón, algo se movió, e hizo lo que le pareció correcto. No quería que esos niños viesen lo que él ya veía a su edad. —Por favor —pidió Eli, en un tono que casi nunca ocupaba: dulce, suave y lleno de anhelo, para intentar apaciguar la culpa que siempre lo embargaba— Váyanse a sus hogares, cocinen algo delicioso y descansen, esto no e algo lindo que ver así que les ruego que cuiden de los suyos y se alejen de aquí. Todos se fueron, depositando en Elijah miradas de agradecimiento y dejando el banco vacío. Se volvió hacia el cabecilla nuevamente, con una sonrisa que le cruzaba la cara y una sonrisa satisfecha. —Ahora, ¿En qué estábamos?
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR