Sentirle cerca me inquieta de manera involuntaria, procuro controlar ni corazón de manera inútil, pues su simple mirada lo desenfrena. Loco, desesperado, así me siento cuando sus ojos están lejos de mí. Brenda ríe inocente de lo que ocurre dentro de mí, su pequeño corazón no entiende los sentimientos que crea su padre. Estoy mal. Cuando bajamos del auto, Alexander se adelanta hacia el estudio mientras Brenda y yo apenas subimos las escaleras de manera lenta. En el recorrido me invade el mismo temor de días atrás, ese donde me siento incapaz de mirarle y articular alguna palabra. La idea de marcharme se posa en mi mente y pienso una excusa rápida para partir sin dejar evidencia de mi cobardía. Sé que lo que siento por Alexander es algo más, le he dado vueltas todos los días y ni conclus

