Daniela Había pasado un día genial, pero el mal sabor de boca que me había dejado la visita de Emiliano no se me quitaba, pues jamás lo había visto de esa manera. Me quedé completamente dormida sin prestarle más atención al asunto. Cuando me levanto por la mañana, recibo una llamada de Darío. Yo sonrío al contestar porque sé que sigue muy molesto conmigo. —Hola, hermanito, ¿ya me extrañas? Él se escucha como bufa y yo no dejo de sonreír. —Veremos si dices lo mismo cuando llegue mamá y le diga a papá lo que hiciste. En ese preciso momento, mi sonrisa se borra, pues justo mi madre llegaba. Ahora, de inmediato, volteo hacia el reloj que tengo en la mesita de noche y, mierda, es demasiado tarde. Así que, aún con el teléfono en la mano, me meto al baño, empiezo a quitarme mi pijama y, cua

