Daniela Cuando salí de la universidad, la verdad es que me sentía muy cansada; no había dormido bien, pero es que tengo demasiado trabajo últimamente. Cuando llego a mi oficina casi corriendo porque muero de hambre, ni siquiera presto atención a nadie. De inmediato, me meto a mi oficina y abro mi laptop. Mi padre había mandado un mensaje que necesitaba que lo llamara, así que justo estoy haciendo eso cuando tocan a la puerta. —Adelante. Mi secretaria me sonríe apenada y yo solo suspiro mientras conecto la videollamada con mi padre. —¿Qué sucede? —Creo que no se dio cuenta, señorita, pero el hombre que vino ayer se encuentra en la sala de espera. Dice que usted le dijo que viniera ahora. Lo hago pasar. Yo miro el reloj. ¿Es en serio? Dios... Suspiro y le sonrío. —Sí, hágalo pasar y

