Me quedo pegada a la pared perdida. El odio es la única cuerda que me ata a no cometer estupideces; que me frena a perderme en todo lo nuevo que está a penas creciendo; que resulta fácil y que sé transitar. Cuando no me he alejado de la puerta, el vuelve. Me quedo mirándolo esperando su acción, pero simplemente toma la manilla de la puerta. —Vendrá un taxi a recogerte. Nos vemos en el club —dice con voz tosca antes de marcharse. No sé qué demonios pretende que haga. Si para él este nuevo trato que llevamos fuese fácil, ya hubiese actuado como desea. Sin embargo, lucha con el control. Me doy una ducha mientras recuerdo si en el bolso que me trajo mi madre hay algo decente para salir. Todo eran vestidos y solo un conjunto de dos piezas de falda y tope. Tomo una de las toalla que se ubi

