Capitulo 14 - Me conoces tan bien.

1054 Palabras
Capítulo 14 Me conoces tan bien. Mia Tres meces después… Habían pasado ya tres meces desde aquel día en que les puse las cosas claras a mi papá. No ha sido fácil sobrellevar la situación, pero en el fondo, muy en el fondo me esperaba una llamada suya pidiéndome que hablemos o no sé, al menos una llamada perdida. Las primeras dos semanas me la pasé deprimida y mal tuve que irme a casa de mi mamá, porque Angel no podía quedarse conmigo. Luego me di cuenta de que estaba cometiendo un error al no seguir con mi vida y tratar de olvidar el pasado, así que decidí no llorar más y pasar tiempo con las personas que si me quieren. Después de todo las últimas semanas han sido maravillosas, Angel vino porque estaba de vacaciones y los cuatro hicimos muchas cosas juntos como, salir a cenar, ir a la playa, visitar el museo y sobre todo ultimar los detalles de la boda entre Eddy y mi mamá, Karina se nos había unido casi en todo. Mi mamá y Eddy se casaron hace dos días y ahora están de luna de miel por Europa. En estos momentos Angel y yo nos encontramos comprando unos muebles nuevos para mi apartamento porque él decidió venirse a vivir conmigo con la consecuencia de que tuvo que cambiarse de universidad y eso no le importo. Le pregunté mil y una vez que si estaba seguro y me dijo que hasta le gusta más en la que está ahora que su antigua facultad. Y comenzó a trabajar en el bufete que trabajan nuestros padres porque está estudiando derecho, no le hace falta el dinero, con la herencia de sus padres es más que suficiente para vivir diez vidas si quisiera, pero lo hace para tener más familiaridad con su futuro oficio. Ahora lo hace de asistente, pero estoy segura de que desde que culmine su carrera será el mejor abogado del mundo. —Ese no me gusta —le digo cuando me muestra un sofá beige. —Ya te han mostrado como diez y ninguno te gusta —me dice cansado, tenemos un buen rato eligiendo y nada me convence. —Unos más y ya, te lo prometo —le digo dándole un corto beso. Veo tres más y no me decido, ya habíamos comprado una cama —la cual experimento muchos saltos ese día— porque la que tenía no era tan grande y bueno, ambos necesitamos espacio. La dependienta que nos está atendiendo me muestra uno muy diferente a los otros que había visto, este es hermoso, tiene un estampado raro, pero sin duda alguna es el que me llevaré y además combinará con el color de nuestra sala. —Este es perfecto —digo. —¡Al fin! —dice Angel en tono dramático haciéndome reír. Después elijo un espejo que quiero poner en la sala y unos jarrones, una repisa, entre otras cosas. Vamos a caja y pagamos, nos informan que la tienda está por cerrar, todo nos llegara mañana temprano. Salimos de la tienda y vamos al estacionamiento donde está el auto. —¿Qué quieres hacer ahora? —le pregunto. —Llegar a casa y quitarte la ropa, eso quiero hacer —me da risa su comentario y él me mira indignado dando a entender que no está bromeando. Pone en marcha el auto y vamos rumbo a casa. Llegamos y lo que había dicho anteriormente fue literalmente cierto porque, en sí, cuando cruzamos la puerta empezó a besarme y casi ni me da tiempo a cerrar la puerta. Me carga y me lleva a la habitación en donde hacemos de todo menos descansar. Besos, toques, sexo, más besos y en eso se resume la tarde y parte de la noche, porque no podemos obviar el hambre. Pedimos comida a domicilio y cuando la traen ponemos una película que medio vemos y digo que medio vemos porque solo miramos en comienzo y cuando la comida acaba empiezan los besos. Cuando amanece despertamos abrazados y con ganas de quedarnos en la cama todo el día, pero él tenía que ir a trabajar y yo prepararme para organizar mi nueva sala cuando me traigan los muebles. —Vamos, levántate o llegarás tarde —le digo. —No quiero —me dice. —Si quieres. —No quiero. —Si quieres —me levanto yo y abro las cortinas para que la luz solar entre y el deje su pereza y se levante. —Qué mala eres —me mira con los ojos entre cerrados y se levanta. Entro al baño para asearme y como la mayoría de los días él entra detrás de mí para bañarse conmigo, bueno, no solo bañarse. Tardamos en la ducha y tuve que hacerle un desayuno rápido para que pueda llegar a tiempo a la su labor. A las diez llega el camión repartidor de la tienda de muebles y llamo a Karina para que me ayude con todo esto. Cuando llega me mira sorprendida. —Pero compraste toda la tienda, esta sala tendrá más cosas que el museo de historia nacional —me dice. —No seas exagerada, es todo lo que necesita para verse bien. Nos ponemos en acción y enciendo el estéreo inundando el espacio con la voz de Morat. La banda favorita de nuestra querida amiga. —Me conoces tan bien —me dice. Cada que hago algo que ella está pensando hacer me dice eso. Desempacamos todo y empezamos a acomodar cada cosa donde creemos que se verían bien, pero cuando terminamos nos damos cuenta de que no, así no es. Repetimos el proceso unas cinco veces hasta que queda de una forma perfecta, cada cosa donde tiene que ir. Los colores y tonos los combinamos a la perfección y que damos enamoradas del resultado final. Le tomamos fotos a todo y se las enviamos a mi mamá para que vea como quedo y dice que le ha encantado todo. —Sin duda alguna somos el mejor equipo —me dice chocando los cinco. —Estoy súper de acuerdo. Nos miramos y no hay que ser adivinas para saber lo que estamos pensando. —¿Estás pensado lo mismo que yo? —Tengo hambre. Nos reímos y decimos al unísono. —Me conoces tan bien.
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