Encerrada en la alcoba escuche que alguien toco mi puerta y Valentine estaba detrás de ella, parecía cansado y molesto por la charla de hace rato. Lo deje pasar sin pronunciar palabra alguna y me senté en mi cama esperando a que dijera algo. -¿Quieres acompañarme a nuestro lugar?, esa frase animó a mi razón a despertarse, nunca había tenido que compartir con otra persona un lugar secreto. Ambos callados recorrimos entre la bruma de la noche aquel camino del bosque que él conocía de memoria y por primera vez pude entrar a la casita de juegos de los hermanos que parecía ser sacada del cuento de blanca Nieves con mini sillas y una casita de muñecas polvorienta. Buscó por la mesita una lámpara de gas y la encendió mostrándome un montón de dibujos hermosos con los rostros de toda su familia

