Un pitido intermitente me despierta, mi brazo tiene una intravenosa y me pecho algo que capta mis latidos. Visualizo una habitación fría y muy oscura, apenas un rayo de luz divisa un sofá, una mesa con equipo médico y mi soledad. Todavía siento fresco mis recuerdos, me llevo las manos a mi vientre ahora vacío, no tuve ni tan solo un momento de sentirla o alegrarme por la noticia de su aparición, pero ahora si tendré mucho tiempo para poder llorar su perdida y la de Valentine. Javier le había disparado en la cabeza sin contemplaciones, no vi remordimiento en su rostro, una lagrima o tan siquiera un suspiro, parecía frio y distante. Mi cuerpo esta pesado y algo adolorido, la morfina poco a poco abandona mi cuerpo pero no me importa estoy sola y eso duele más que cualquier golpe o tortura.

