Empezar desde cero

2643 Palabras
Los gemelos Rodríguez eran mis compañeros de aventuras en mi infancia, siempre estaba feliz de que ambas criaturitas decidieran compartir en mi patio de juego mientras salvábamos al mundo de un terrible monstruo o matábamos dragones y rescatábamos a princesas prisioneras en las torres. Cada vez que los recordaba me hacía sentir especial, ellos fueron con los únicos con que mantuve contacto estos tres años a distancias, pues a pesar de que ellos eran gemelos yo me sentía su trilliza y sé que ambos me serian de apoyo en mi primer día escolar pues ya la mitad del curso había avanzado y me costaría integrarme de nuevo entre aquel montón de chicos que me veían como una novedad. -Heaven-me grito emocionada Tessa desde la entrada, la chica había engordado un par de kilos desde la última vez, pero aun así no dejaba de ser hermosa cuando sonreía expresivamente como si su corazón estallara de emoción. -Tessa –corrí y le di un gran abrazo-me alegra verte tan pronto-le dije sinceramente. Mi nombre lo volví a escuchar y su hermano Carlos estaba detrás de mi con un porte más varonil, su mirada infantil se había ido y ahora era algo dura que le iba bien junto a su vello facial. Ambos hermanos eran parecidos con su piel canela y cabellos castaños pero el rostro de Tessa era más redondo y con labios muy llenos que lucían lindo con ese brillo rosa. -De nuevo estamos los trillizos-exclamo la chica riendo-espera que te cuente las últimas novedades-me dijo con cierto tono de emoción y fingí al igual que ella, pero de cierta forma me sentía triste al mirar mi antiguo colegio y al ver a esas personas completamente extrañas como si de pronto una nueva Heaven entrara y le pareciera gris y melancólico el panorama. Las clases terminaban a las tres de la tarde como de costumbre. A muchos chicos les pareció extraño mi cambio de cabello e incluso me preguntaron que si era por estar en algún movimiento urbano en Europa o se volvió la última moda. Cada vez que alguien hablaba deliberadamente me molestaba lo que decía o como lo decía, parecía que todos aquellos niños se habían vueltos tan artificiales y vacíos como mi madre. ni Tessa, ni Carlos, ni las demás chicas curiosas me entretenían con sus conversaciones sobre chismes de la localidad, aunque que fingía reír y escucharlos, su ego estallaba cuando lograba decir cosas como: que interesante, cuéntame más ¿es enserio? ¡que loco! De pronto me había convertido en una amargada que solo quería estar metida dentro de un libro o sumergida entre las voces de mi ipod. Los profesores se mostraron aduladores gracias a mis notas y me usaban muy pronto de ejemplo para los demás estudiantes y yo solo me moría de la vergüenza por aquello. -No es necesario que lo diga alto-le dije tímidamente a el Señor Tenison mi profesor de historia cuando se levantó hacerme una ovación y enseguida todos ellos estallaron en risas por mi contestación. -Que chica más humilde-dijo y me mando a sentarme. Al salir todos habían quedado de pronto muy encantados conmigo e incluso Thalia, la chica popular de la clase me invito una tarde con sus amigas a la salida. Ella era una mujer alta con su cabello rojizo no natural que resaltaba sus facciones de madura a pesar de tener mi edad. -Me encantaría que salieras este sábado con nosotras, será muy divertido que estés en nuestro grupo-y luego mira sus uñas acrílicas un momento-por cierto, cargas a más de uno de los chicos babeando por ti-me guiño el ojo y se montó en su limosina pues ella era una de las adinerada de este colegio, su ropa ajustada, su teléfono, cada cosa que se ponía o usaba era exclusivo y no encontrarías otro igual. Mi primer día era bastante agotador y no deseaba la hora de ir a casa. Me monte en el autobús con aire acondicionado de color azul con el nombre del colegio y este me dejo frente a casa. Mi madre todavía no se había levantado, ni siquiera Donald daba señales y Margio no sabía en donde estaba. Suspire en un arranque de soledad y extrañe a mis abuelos, a mis amigas del internado, me sentía completamente sola al final y luego de que todos querían estar conmigo. Giro mi cuerpo viendo de nuevo la sala y me percato que el piano ya no estaba ¿qué le haría ella? solo espero que no fuera tan osada y lo hubiera botado al igual que el recuerdo de mi padre. Camino por los pasillos, subo y busco en cada habitación, pero algunas están cerradas y otros pasillos están si electricidad, mi madre claramente movió varias cosas de esta dejan dome sentir como una desconocida. Sigo avanzando por el ala este cerca de la gran biblioteca y el gimnasio y unos golpes en la puerta me petrifican al instante, siento una corriente de aire frio que recorre mi espalda y acaricia mi oreja. -Ayuda-una vocecilla apenas articula y de nuevo aquellos leves golpes siguen sonando débil mente, como si se les hubiera agotado la fuerza aquellas manos. Me acerco a una de las habitaciones lentamente, llevo mi oreja a la puerta para saber si eso no ha sido una simple jugada de mi imaginación. - ¿Qué haces tan alejada de la casa? -pregunta Donald con una toalla que solo cubre su cintura, su abdomen sigue liso y pálido, puedo notar incluso hilillos de sus venas mostrarse a través de aquella piel tan clara. -yo sol...mi pia...-tartamudee por el gran susto que me había metido. - ¿Por qué tan nerviosa? ¿no has hecho nada mal o sí? -su voz maliciosa fue casi seductora y repugnante, cuanto lo odiaba, solo tenerle cerca me ponía enferma de odio. -Solo buscaba mi piano-al fin dije claro - ¿en dónde lo han metido? -exigí saber colocando mi mano en la cintura. -Eres tan hermosa cuando te enojas pequeña Heaven, mírate-suelta una risilla seca-me alegra tanto ver cómo has crecido-su mirada recorre todo mi cuerpo lentamente y se detiene en mis ojos como si aquella esferas amarillas tuvieran un poder hipnotizante-no sabes la falta que me has hecho estos años-y pronto se estaba acercando lentamente hasta a mí y puede sentir su aliento fétido y ahora su cuerpo era tan caliente como el mío, interiormente una sensación de picor se estaba manifestando obligándome a desear que me besara, suavemente acaricio mi mejilla mientras me mantenía en una especie de trance que se desvaneció al recordar que lo odiaba y le pise su pie duramente. -No te me acerques-le grite molesta. - ¿Cuál es el escandalo? -mamá llego hasta nosotros sin poder sentirla. -Nada malo Lillian, Heaven me preguntaba en dónde podía estar el piano de su padre-y le dio un beso apretado en los labios. -Sí, está en el sótano, pero si quieres podemos mandarlo a tu habitación para que lo tengas ahí, desde la muerte de Alberto de verdad no puedo aguantar verlo, pero hablare con Margio y entre él y Donald lo dejaran listo en tu habitación, luego hablare con alguien que lo afine si se necesita ¿te parece bien? -su voz fue muy dulce como si ella fuera la misma. -Gracias-solo puede decir y seguí hacia mi habitación, pero antes su voz me detuvo-por cierto, cariño no quiero verte en esta parte de la casa, estoy remodelándola y hay habitaciones que están en mal estado, no quiero que te lastimes ¿okey? - -Si, como tú digas-sonreí y desaparecí lomas rápido que podía. En la cena por primera vez comía con ellos dos. sus platos de alimentos eran de porcinos minúsculas comparada con la mía y parecía que su pieza de cerdo tenía varios puntos de sangre. Mamá no paraba de hablar sobre lo magnifico que había sido aquella fiesta con todos sus amigos y en que lo más rápido posible ella armaría una aquí, en la casa. Su voz era muy dulce y suave como si en vez de parlotear como hacia pareciera un dulce canto armonioso con el cual mi padre dijo que una vez le había enamorado -Espero no te moleste que te dejemos otra noche sola Heaven, lo que pasa es que nuestra vida social es más nocturna y no podemos dejar de asistir a las reuniones ¿tú lo entiendes? -y me miro como siempre lo hacía cuando quería que cumpliese su deseo. -No importa, tengo muchas cosas que hacer también, necesito ponerme al día con las clases mamá, estaré bien, no te preocupes-y le sonreí falsamente. -Esplendido, me encanta lo mucho que has madurado, ya eres toda una señorita y si sigues así quizás te presente un joven guapo y serio para que vallas considerando tener novio-bromeo-uno igual que Donald-y ambos soltaron varias carcajadas. -Eso es halagador querida, pero ¿no crees que ella debería concentrarse en estudiar? -hablo de forma egoístamente paternal. -Bueno, no es que sea tan importante los estudios, Heaven es una chica con mucho dinero y ya está en edad de tener novio, creo que no le caería nada mal uno-su mano acaricio lentamente la de su pareja lo cual los llevo de nuevo a una sesión apasionada y prolongada de besos que me incomodaban cada vez más. -Sigo aquí -advertí y se separaron. -Lo siento, debes disculparnos, pero somos muy apasionados, algún día nos comprenderás amorcito, bueno ya se nos hace tarde para la reunión, ya Margio y Donald subieron a tu habitación el piano, ahora puedes usarlo tranquilamente-me dio un beso en la frente y se levantó para recoger su bolso dejándome a solas con aquel patán. - ¿Y cómo va la escuela, hijita? -no pudo disimular su tono sarcástico ante aquella pregunta que envenenaba mi sangre. -No es tu problema y no me digas hijita, tu y yo no somos nada-conserve lo más que pude la calma y mire mi plato medio vacío-. -No sabes lo triste que me ponen tus palabras. Heaven, yo solo quiero ser para ti como un padre, mírate, eres tan hermosa e inteligente y amo tanto a tu madre que te considero como a la hija que siempre quise tener- -Todavía estas a tiempo de tener a tú hijos Donald-baje mi tenedor y me disculpe para ir a mi habitación hasta otro nuevo día. La oscuridad y calma de ese cielo con nubes que parecían algodón flotante y resplandeciente me reconfortaban hasta dejarme dormida cómodamente pero esta vez un ruido extraño hace que abra mis ojos pero no veo a nadie, mi mejilla siente un rosetón que enfría mi piel, salto de la impresión, enciendo la luz y no hay nada, mi imaginación me juega una cruel broma ¿quizás el fantasma de mi padre se encuentra a mi lado ¡no! soy consciente de ello, solo es el cansancio. Me acuesto de nuevo y trato de conciliar el sueño pero es imposible una especie de mano invisible se posa en mi cadera y se detiene hasta mis pechos acariciándome suavemente, suelto un grito y bajo de mi cama, estoy demasiado asustada ante aquella pesadilla así que solo lo único que puedo hacer es colocarme hacia el rincón y rezar con mis ojos cerrados hasta que acabe esta cruel pesadilla, incluso siento mis lágrimas que se escurren tratando de mantenerme calmada pero no puedo hay alguien en mi habitación, puedo sentir sus ojos posados burlonamente en mi persona al verme tirada como una chiquilla asustadiza. Mi reloj está sonando, estoy en mi cama nuevamente. el sentimiento de que algo toco mi piel lujuriosamente me hace sentir sucia ¿cómo habré parado aquí? ¿todo habrá sido un extraño y espantoso sueño? fuera lo que haya sido ya no importa hoy es otro día en la solitaria casa, sonrió al ver el piano blanco y brillante que solía ser de mi padre, tenerlo cerca me hace pensar en él y mis miedos se disipan como el viento corriendo suevamente entre las hojas. Al bajar todo sigue en una constante afonía cada vez que visito cada piso de la casa, mi madre y su pareja solo están durmiendo, ni siquiera escucho los pasos robóticos y pesados de Margio cuando arrastra sus enormes y cuadrados pies con premeditación como si planeara cada movimiento. Mi interés vuelve cuando estoy frente al ala Este de la casa, sus puertas doradas como el oro con pequeñas piedrecillas de colores que forman figuras de jeroglíficos egipcios están cerradas completamente, toco el pasador y tiene la llave pasada, a mi mente vienen recuerdos de aquella voz jadeante que suplicaba con su último suspiro ¿mi imaginación me estará jugando una broma? no quería ni imaginar la posibilidad de que me estaba volviendo loca ante aquel peno episodio. ... La semana voló rápidamente, ahora tenía un circulo amplio de amistades con mis compañeros de clases, no me quejo a pesar de tener que soportar su actitud precoz ante ciertas cosas que sabemos que se nos tienen prohibidas, era de cierta forma maravilloso incumplir las reglas que nos eran impuestas y solo arriesgarnos sin medir las consecuencias del peligro y solo por eso ese sábado en la noche fui invitada a una fastuosa fiesta en la cual el desenfreno y la aventuran serian parte de la velada o eso era lo que decía Thalia por su f*******: cuando invito a toda la escuela. Mi madre emocionada de que me estuviera integrando con mis compañeros me dejo asistir al evento sin restricciones de hora y solo eso me entristeció un poco, me hubiera encantado escuchar de sus labios rojos rubí un no puedes ir o si, confió en ti Heaven pero tienes permiso hasta la media noche, no me importaba con tal de que mostrara señales de que yo le interesaba. -Tu casa es mucho más hermosa de lo que recordaba-Tessa le dijo aquella tarde en la que se estaban arreglando para que fuéramos juntas pues su madre no le dio permiso para aquella fiesta y ella invento que se quedaría conmigo para ver unas películas e incluso dejo que Carlos nos acompañara-mira esta habitación-y dejo su boca abierta ante aquella impresión-sigue igual de hermosa que antes-comento con sinceridad-siempre me gustaba venir a jugar que era una princesa de los cielos y estaba atrapada en la torre-recordó con cierta envidia aquellos días infantiles y llenos de inocencias que teníamos en nuestras horas de juego. Ambas nos tomamos nuestro tiempo para poder acicalarnos y estar perfectas para aquella nombrada fiesta que sería una de las mejores y en la cual no solo nuestra institución estaría pues las fiestas de Thalia se conocían por que muchas personas ajenas a ellas también participaban. Con mi cabello no hice mucho, solo lo cepille para darle brillo y lo deje liso y n***o como a mí me gustaba cada vez que me miraba al espejo ya no veía aquella cara de mi madre que deslumbraba con sus curvas perfectas y me sentía bien que mi n***o me hacía ver simple como cualquier otra chica, sé muy bien que a muchos no les llamaría la atención y me mantendría siempre al margen. mi ropa fue muy sencilla e informal, leggiens negros y una camisa que tapaba parte de mis muslos de color azul rey, tenía un cuello de tortuga y mis brazos estaban desnudos y libre todo el tiempo. -Es hermoso-sonrió la chica cubierta con un vestido n***o que la hacía ver más estilizada, opto por llevar un maquillaje más adulto que resaltaba cubriendo su perfil facial infantil revelando a la mujer que tenía. -Estas maravillosa-sonrió Carlos al verme salir junto a su hermana. - ¿Y yo como estoy? -dijo su gemela con el afán de un cumplido. -Bien ¿qué puedo decirte? eres mi hermana-agregó bromeando ante nuestra partida.
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