La llamada confirmándome como la seleccionada para un puesto al que había aplicado llegó en el peor momento. Habían transcurrido dos días desde aquella mañana en que por primera vez desde iniciada nuestra relación, Mauricio y yo intercambiamos frases hirientes para ambos, y ese día tendría que enfrentarlo solo para decirle que renunciaba a su constructora. Mi plan inicial era hablarle antes a Mauricio de cómo me sentía trabajando para él, de la manera casi desesperada en que necesitaba valerme por mí misma. Él me dio un respiro con ese empleo otorgado casi por caridad, pero era tiempo de que tomará las riendas de mi vida sin depender de otro, aunque ese otro fuera de hecho el hombre que amaba. Desde nuestra discusión, Mauricio y yo habíamos cruzado apenas palabra, poniendo el trabajo de a

