Un dolor de cabeza terrible me atormentaba mientras intentaba pararme de la cama y prepararme para acudir a la constructora. La tarde anterior había sucedido algo que sacudió mi mundo y me dejó temblando, esperando lo peor. Ese lunes fue tan idílico, sin Mariana cerca, pude resolver varios asuntos que ella me había dificultado. Pensé que terminaría sin contratiempos y estaba tan contenta al salir de la oficina, me ilusionaba recibir la llamada nocturna de Mauricio, deseándome un buen descanso, también sentía la necesidad de decirle una vez más lo mucho que lo amaba. Pero camino a mi automóvil, me vi obligada a detenerme para responder al móvil, me pareció extraño, era temprano para que fuera Mauricio. Respondí solo para desear no haberlo hecho. El que me llamaba no era el hombre que espera

