Ámbar. No dejaba de repetir eso en mi mente. Se me aclaró todo: el collar era una herencia. La herencia de Leonor, mi yo antigua. Y la espera... Ellas esperaban que una de esas descendientes fuera la que se quedara con Poseidón y Ámbar quería ser esa mujer. ―Tía, ¿juguemos Play? ―me preguntó Benjamín, tirándome de la polera para llamar mi atención. Yo estaba en otro mundo. ―¿Los tres? ―pregunté a mi vez, volví a la realidad. ―No, Rocío no quiere jugar, quiere ver tele. ―Si juegas tú, yo juego, Benjamín es muy fresco y siempre quiere ganar ―reclamó mi sobrina. ―A ver, juguemos los tres, pero sin trampas. ―Me dispuse a conectar el juego y a acomodarnos para jugar, ese juego necesitaba mucho espacio. ―Juguemos a las luchas ―dijo Benjamín. ―Yo quiero jugar al tenis ―rebatió Rocí

