Diecisés

666 Palabras
23 de marzo del 2014 Montefiorelle, Italia Hoy fue mi primer día en el Club. Damién pagó una suma importante para que yo pudiera ser m*****o, después de haberle insistido por meses en que me llevará con él. En realidad, había querido ir desde el primer día que supe que mi hermano iba a ese lugar que tanto lo había cambiado. Estaba nervioso cuando fui, demasiado, Annia ya me había advertido que sería además de un m*****o exclusivo, sería quizás una experiencia “extravagante pera mí”. No había podido dormir desde que me lo habían dicho, y desde que había tenido conciencia del lugar del que tantas sensaciones me causaba, mis nervios estaban incontrolables. Y hoy fue ese día, los cuatro nos escapamos por la madrugada y debó reconocer que fue demasiado para mí. Me resultó tremendamente bizarro y aterrador que por momentos me pareció irreal, pero que de a poco se transformó en genuina fascinación. Fue divertido cuando me asignaron mi anonimato, de manos de Stella recibí la máscara del lobo y una pieza de moneda (que ahora mismo guardo en mi bolsillo), que sirve como boleto de entrada al club. Allí, por primera vez descubrí que también los tres amigos de Damién, Nico, Ángelo y Lorenzo estaban allí, ellos me miraron cuando les regresé la mirada, mi corazón se sacudió en ese momento, pero distraje mi mente en los recuerdos de ellos jugando con todos en la piscina, a pesar de que a veces me llegaban a incomodar, la mayoría de las ocasiones eran bastante divertidos. Inclusive allí en el club, bebí con ellos, junto a Annia y Stella también. El alcohol ni siquiera pudo quitarme los nervios cuando los “juegos” entre nosotros comenzaron. Damién fue el guía y el líder, como siempre, y acomodándose junto a mí, me ordenó desabrocharme los pantalones frente a Stella, tal como él lo hizo también, los tres estábamos arrodillados y el ambiente me causó un cosquilleo en la espina, mi corazón se salió de mi pecho, sin embargo, cuando miré a los ojos de ella, una calma tranquilizó los latidos de mi corazón. El aliento se me cortó cuando la vi pasarse la lengua por los labios. Fue allí, frente a los ojos de no solo mis conocidos, sino de muchas personas enmascaradas a mi alrededor, fue la primera vez que ella me permitió hacérselo por su boca. Y debó admitir, entre estas líneas en mi diario, que no dejó de pensar en ello. 27 de agosto del 2014 Montefiorelle, Italia ¡DAMIÉN ME IRRITA! Debo admitir que me saca de quicio más de lo que puedo soportar, odio su decepcionante y patético ego, detesto como se hace el fuerte frente a nuestro padre, me asquea ver como endereza la espalda cuando nuestro padre aparece. ¡Si solo él supiera que sé su secreto!, ¿Qué diría si supiera que sé cómo le tiene miedo a nuestro padre? El cómo pone los ojos en blanco cuando su madre llora en reclamos a su esposo, como odia escucharlos pelear, y como detesta ver la fragilidad de su madre alcohólica. Estoy seguro que aquel aire de galán de balneario se desmoronaría en cuanto le revelara sus secretos en la cara. Y, sobre todo, odio cuando se refugia entre las piernas de Stella, como si ella fuera su tabla de salvación de todo el horror y la mierda que es vivir con Ígor Romanov, de salvarse de la presión de sus responsabilidades, de cómo tiene que ser la cabeza de los Romanov, pero eso, hasta un ciego puede ver que Damién jamás dará la talla. ¡Es un irresponsable! Que huye y se esconde en sus fetiches para huir de la intimidación y el miedo que le provoca nuestro padre. ¡Menudo cobarde! Toda mi maldita vida he sido obligado a ser responsable de mí, ¡porque he estado solo siempre! ¡Cómo se atreve a quitarme a Stella para salvarse! ¡Ella también es MÍA!
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