3 Quinn ¡Oh, Dios mío! ¡Un atlán arrodillado delante de mí! ¡Una bestia! Levanté la mirada hacia la cámara y vi que la luz roja en la parte superior seguía encendida, lo cual significaba que él estaba arrodillado delante de mí en la televisión en vivo. No cualquier atlán, sino Bahre, del que Ellen, Susan y yo habíamos estado hablando hacía un rato. De cerca… muy de cerca, era más grande que nunca. Más guapo. El cabello oscuro le caía sobre la frente. Sus hombros eran tan anchos que me preguntaba si podía pasar a través del marco de una puerta sin girarse de lado. Era tan musculoso, fuerte y fornido que la camisa negra se le pegaba al torso. Exudaba testosterona, feromonas o algún tipo de aroma invisible que hacía que los pezones se me endurecieran. En la televisión en vivo. Si bien mi

