Capitulo Veintitres Tori gimió cuando trató de darse la vuelta. Sintió como si un semirremolque la hubiera atropellado un par de cientos de veces. Todo le dolía. Le dolían los párpados cuando los abrió lentamente, queriendo saber dónde estaba. Lo último que recordaba fue que Angélica le cortó el ala. Desde su posición boca abajo, sabía que todavía tenía su brazo y pensaba que tenía su ala, pero no podía estar segura, porque todo le dolía como si la estuvieran quemando de adentro hacia afuera y alguien estuviera pisoteando las llamas. “Cuidado, dulzura. No te muevas todavía. Aún te estás curando", murmuró Santiago antes de darle un beso en la sien. Cuando levantó la cabeza, se enfocó. Decir que parecía que la muerte se calentaba era quedarse corta. Las ojeras hacían que pareciera que te

