Un momento de conciencia Con su astucia habitual, el salvaje sol de verano había hecho todo lo malo posible para mi piel, los efectos no se sintieron hasta más tarde, hasta que regresé a la casa de campo después de mi terrible experiencia, la quemadura se desarrolló como una fotografía, irradiando su calor ardiente en la oscuridad de la habitación sin ventanas donde me senté durante una hora bebiendo cerveza. Mi piel me picaba más en los hombros, la nariz, la frente y el cuero cabelludo, esas áreas de mi cuerpo que habían sufrido la peor parte del incendio infernal, mientras que mis piernas, sumergidas en agua durante mucho tiempo, aún estaban blancas salvo por mi muslos ya quemados por el sol. También lucía dos discos blancos de forma irregular alrededor de mis ojos. Parecía un panda. De

