Pasado el mediodía recibimos el papel que tanto necesitamos y se planeó que mientras Benton y Hill hablaban con mi madre que había sido llamada de inmediato al igual que su marido, con la presencia obvia de su abogado, Patrice y yo nos dirigimos hacía la escuela católica mientras Malor y Ella se dirigían hacía la privada Le Tomma. Llegamos en veinte minutos y aunque fue un espectáculo relajante el camino y la música de fondo de Aquamarine cantada a todo pulmón, era hora de ser lo más serio posible. Le Tomma era una escuela mixta con uniformes vinotinto y blanco, con corbatas, faldas a la rodilla y medias altas. Y con un silencio arrollador que aturdía a gritos. -La directora las recibirá enseguida- dijo la amable chica que funcionaba como asistente aunque con sus gafas de montura gruesa

