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1146 Palabras

Teresa ya no tenía el brillo que demostraba tener en las fotografías de antaño. No, su cabello café estaba grasoso y sucio, enredado y en una coleta sin mayor cuidado, sus ojos estaban cansados y apagados, seguro que por más de una noche sin dormir. Su cuerpo estaba encorvado y se veía más delgada de lo que adivino sería. Arrastraba los pies, como quien arrastra un gran peso sobre su cuerpo. Y es que tanto tiempo en la cárcel seguro que le había arrancado la vida. -Muy bien, abogado. Aquí estamos- dijo Malor estrechando la mano del hombre canoso que usaba traje café. Todos nos sentamos y mi atención nunca se apartó de la mujer vestida de naranja y con grilletes en los pies además de unas esposas en las manos que descansaban sobre su regazo. -Detectives, la señora Ordoñez quiere colaborar

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