Mis uñas retumbaban contra la mesa sin yo siquiera intentarlo, estaba nerviosa, y la abogada me sonreía tranquilizadoramente, ¿Alguien podría decirle que eso no funcionaba conmigo? Alise por enésima vez la falda de mi vestido y cuando la vi levantarse, supe que la trabajadora social había llegado. Me presenté con ella con un apretón de manos, dijo que su nombre era Lupita Doral y tenía una apariencia de mujer realmente dura. Ahí venía el sudor en las manos. -Bien, señora Méndez, la verdad es que usted tiene poco tiempo dentro del país, ¿No?- preguntó mirándome con una ceja levantada- Seré honesta con usted, eso también va a influir en la decisión del juez al cederle o no la tutela y custodia de la menor Luz Fereira Benitez- determinó y mi abogada, Nelly Blackhow, intervino de inmedi

