-Esto es ridículamente hermoso- dije con emoción siendo sujetada por la cintura de mi ahora esposo mientras el agua tibia y deliciosa llegaba a mis hombros. Las palmas se batían al ritmo de la brisa y la cristalina agua dejaba entrever todo por debajo. -Prometí traerte- recordó con una sonrisa, desde donde estaba sus ojos se veían más azules que nunca y eso me hacía palpitar aún más el corazón- Lo cumplí, mi amor. Besé sus labios con ganas. -Te amo tanto, Malor- dije con emoción mientras sus manos juguetonas se colaban en mis glúteos y me reí de él. . . . -¿Seguro que Ama está bien?- Bien, estaba siendo un poco fastidiosa, era la quinta vez que preguntaba lo mismo. Rom puso los ojos en blanco y a lo lejos escuché la voz de mamá gritando en alguna parte de la casa. -Nat, he criad

