Volví a la habitación sintiéndome adolorida, más por dentro que por fuera, pero poco a poco mi espalda empezaba a hacerse sentir, fruncí el ceño buscando el bote de pastillas. Ya no estaban regadas sobre la cama, ¿Quién las recogió? No estaba el otro bote junto a la cama y un desespero se instaló en mi cuerpo. Juro que de un momento al otro empecé a sentir mucho dolor, cada vez más y más fuerte. Apreté mis muslos con las manos, porque era ahí en donde más sensación tenía y era aplastante aquello. No quería perder mi orgullo y chillar el nombre de Malor, no quería verlo correr hacia mi con cara de enojado y preocupado, porque seguro se asustaría. O quizás me ignoraría, se quedaría abajo riéndose de mí. Burlándose de mi dolor junto con Lía... -Maldición- murmuré con los dientes muy apret

