La tortuosa espera duró tres días. Malor y yo habíamos informado en la estación y nuestro permiso había sido concedido, y mientras él se encargaba de mantener las cosas en orden con los niños y que nada faltara, yo vigilaba la recuperación de mamá y de Lizzie, junto a una fiel Alondra. Mi hermana había bajado un tanto la guardia para cuando mamá despertó. Ella fue la primera en tomar consciencia porque aunque Liz abrió los ojos antes, había entrado en un estado catatónico que impactó tanto a los doctores como a nosotros. Al parecer, el grado de estrés que sufría su cerebro durante tanto tiempo había ocasionado un colapso en ella que llevó a su cerebro a un momento autodefensivo en el que ese terminó siendo el resultado. Alondra pasaba horas a su lado, hablándole, acariciando su cabello,

