Volví a casa con buen ánimo, porque aún cuando no habíamos avanzado demasiado con la trágica muerte de ese pequeño Mannadam y la recuperación del otro que aún seguía vivo, según nuestros encuadres de tiempo, pero no era fiel partidaria de esa opción y aunque sonara cruel, no vislumbraba esa luz de esperanza en un futuro cercano. Malor tenía tiempo diciéndome que para ser la mejor en mi oficio debía aprender a dejar el trabajo en la estación. Él decía que ya mi vida era un drama y que lo mejor era que practicara sudoku para ocupar mi cabeza en los pocos instantes de los niños y él me daban. Ja, ja, dije yo, muy gracioso. Al entrar me reía como tonta mientras Malor sostenía mi cintura por la espalda y hacía cosquillas a mi cuello expuesto con su barba, prometiéndome que en poco me haría mi

