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2262 Palabras

La segunda semana del mes pasó fugaz, y con ella llegó el siguiente fin de semana, donde los niños se encontraban más que emocionados al irse de pijamada con las chicas. -¿Entonces… Fin de semana para dos?- adivinó Malor cubriendo mi cintura con las manos mientras me despedía saludando a los chicos con el auto en movimiento. -Para los dos y Amaloha- corregí girándome con una sonrisa para cubrir su rostro con mis manos. -Puedo vivir con eso- aseguró mientras nos besábamos apasionadamente en la entrada, pero fuimos interrumpidos de golpe por una escandalosa bocina y, al girarnos, una gran sonrisa se plantó en mis labios mientras Malor murmuraba un “No puede ser cierto”. -¡Sorpresa!- dijeron a coro sus padres mientras bajaban del taxi con unas pequeñas maletas que el amable chófer del veh

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