El ambiente empezó a ser cada vez más templado, estábamos en mitades de noviembre y poco a poco las cosas se calmaban, había pasado una semana apenas de que mi hermana despertara y no tenía más de 48 horas en casa luego de que le dieran el alta. Moría por verla, saber cómo estaba e incluso hablar, contarle tantas cosas… Pero lo mejor era darle espacio. Aceptamos en conjunto que Alondra y ella merecían unos momentos a solas y lo más correcto fue darles su espacio. Funcionó, después de todo, fueron ellas quienes nos buscaron a nosotros al organizar una cena familiar. El esposo de Rom y los pequeños sobrinos queme había dado viajaron hasta aquí, ya era hora de una buena reunión. -¿Crees que es el momento de decírselo?- dijo Romina con el ceño fruncido, estábamos en mi sala, porque desde mi c

