CAPÍTULO 26

1513 Palabras

Marie apagó la última luz del corredor, sumiendo la planta alta en una oscuridad absoluta. El silencio en la hacienda era denso, casi tangible, roto únicamente por el pitido intermitente y gélido del sensor de movimiento en la entrada principal. Cada señal sonora era un recordatorio de que el tiempo se les agotaba. —No uses la linterna del móvil —susurró Marie con una urgencia que rozaba el pánico. Tomó la mano de Mía y sintió un escalofrío; los dedos de su hermana estaban helados, rígidos por el miedo—. Mantente cerca de mí. Hay una salida olvidada por la bodega de vinos que conecta directamente con el antiguo camino de carruajes, oculto por la maleza. Mi coche está en el garaje lateral, pero no podemos permitirnos el lujo de encender el motor allí. El estruendo alertaría a los guardias.

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