Lucille se quedó acostada un rato más después de que su madre se fue, el dolor en la herida era terrible y no culpaba a su madre por eso, era causa de la crema que le puso para que no continuará la infección y después de eso se puso en pie tomando el inmovilizador para ir afuera, pero al abrir la puerta se encontró de frente con Daniel que al parecer iba con intenciones de tocar pues se quedó con la mano levantada. — ¿Desea algo? — retrocedió para dejarlo entrar a su cuarto. — Si, quería pedirte una disculpa por no haberte creído sobre la pata dañada de la yegua. — el hombre entró y cerró la puerta. — No hay problema. — se encogió de hombros y se lastimó. — ¿Quieres que te ayude? — la vio con el inmovilizador en la mano. — Por favor... — se lo entregó — Tengo que ir a correr con los c

