En el barrio no tenía admiradores, al menos no tenía a nadie que me lo demostrase salvo Marcelo, él hacia un par de meses que evidenciaba su interés por mí y poco a poco empezó a mirarme de otra manera y a piropearme cuando estaba solo. Marcelo hacía ya varios años que vivía en el barrio, tenía un almacén y era casado. Me encantaban sus piropos, no al principio porque me sentía incómoda por la diferencia de edad, pero eso fue cambiando con el correr del tiempo, me empecé a acostumbrar a que los piropos viniesen de todo tipo de hombres, pero mi debilidad eran los piropos de Marcelo siempre tenía uno nuevo para mí. Marcelo no era un hombre que me enloqueciese…pero con el tiempo eso cambió empecé a interesarme en él cosa casi sin darme cuenta y empezó a interesarme como hombre cosa que par

