CAPÍTULO TREINTA Y UNO Reece caminó por el largo y estrecho tablón de madera inclinado, empinado del muelle, dirigiéndose directamente a la cubierta de la enorme embarcación que estaba ante él. El tablón tambaleante abarcaba unos buenos 15 metros, y Reece subió rápidamente, sus pasos haciendo eco en el hueco de madera, que se sacudían a cada paso que daba. Arriba podía ver las Islas Superiores, a los hombres de Falus, todos participando en una ráfaga de preparación, desatando cuerdas, elevando las velas, preparándose a partir de tierras altas hacia las Islas Superiores. Reece, bullendo de rabia y determinación, se preparó, se obligó a sí mismo a respirar profundo y mantener la calma, a esperar el momento perfecto antes de causar estragos en todos ellos. Reece puso un pie en la cubierta p

