CAPÍTULO TREINTA Y OCHO

1144 Palabras

CAPÍTULO TREINTA Y OCHO Luanda se encontraba inmersa en el frío manantial, sola, en lo alto de las montañas de la zona montañosa, como era su costumbre cada mañana. Pasó el agua fría a través de su pelo, que ya había crecido completamente, y la sensación helada en su cuero cabelludo la hacía sentir viva, despierta. Le recordaba dónde estaba. Ella no estaba en casa; estaba en una tierra extranjera. En el lado equivocado del altiplano. Era una exiliada. Y nunca volvería a casa. El agua fría le hizo recordarlo, como lo hacía cada mañana, y de alguna manera, había llegado a disfrutarlo. Era su forma de recordarse a sí misma en lo que se había convertido su vida. Estaba vacía, aquí, en estos manantiales de montaña, rodeada de gruesos bosques de verano y hojas y cubiertas por la neblina de la

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