El viento frío de la madrugada soplaba con fuerza mientras Eric y yo nos abríamos paso a través del espeso bosque, la flor de luna pálida resguardada cuidadosamente en mi alforja. Cada paso que dábamos nos acercaba más al castillo, a Dafne. Mi corazón latía con una mezcla de esperanza y urgencia. —Estamos cerca, mi rey—dijo Eric, con voz firme pero con un toque de preocupación. —¿Cree que llegaremos a tiempo?–. —Tenemos que llegar—respondí, mi voz cargada de determinación. —Dafne nos necesita. No hay margen para el error—. El viaje de regreso fue una prueba de resistencia y perseverancia. Atravesamos ríos turbulentos y escalamos acantilados escarpados, siempre con la vista fija en nuestro objetivo. La promesa que le hice a Thalorn resonaba en mi mente, recordándome el peso de mis pa

