Enzo. Desde aquel encuentro en el castillo, la pasión entre nosotros se había intensificado, aprovechábamos cada momento libre que nos dejaban nuestros deberes reales para estar juntos y demostrarnos lo mucho que sentíamos el uno por el otro. Había permitido que Dafne pudiera seguir entrenando en el campo, pero no en presencia de los guerreros, no soportaría las miradas de esos lobos sobre mi Luna, en eso si no pensaba ceder, por fortuna ella accedió y habíamos logrado mantener la armonía entre los dos, aunque quién sabe por cuánto tiempo más eso pudiera ser posible, porque conociéndolo tempestuoso de su carácter, la tranquilidad podría desvanecerse de un momento a otro. Esa mañana el sol apenas empezaba a asomarse cuando la vi entrenando, eso de dormir en aposentos separados estaba empez

