Laurent Volví a mi casa con aires renovados, tenía en mi poder una prueba irrefutable de que mi cuervo seguía y seguiría siendo mía y ningún mafioso ruso podría quitarmela. Si, por las venas de esa chiquilla corría mi sangre,de eso estaba seguro. Ese vínculo era el arma perfecta para destruir a Olej Romanov y recuperar a mi cuervo. La tendría para mí, si quería que no le hiciera nada a esa bastarda. —Gracias por este día papá.—me dice mi hermoso heredero sonriendo como si le hubiese dado el mejor de los regalos, pero era todo lo contrario, era él quien lo había hecho. —Ve a descansar, mañana será un gran día, hijo. Adam, se fue a su habitación y yo me metí en mi despacho. Tomé el teléfono y llamé a Judith, necesitaba hacer mis movimientos. Sonó el primer ring y ella contestó con voz

