Los hermanos Vidal habían pasado un fin de semana bonito con la familia de su madre. Teodore tomó asiento junto a Xavier y le ofreció una taza de café y otra de chocolate caliente. Xavier lo miró divertido y tomó la de café; su padrastro sonrió y le dio un sorbo a su bebida. —Conocí a tu madre en una cafetería —Xavier eleva las cejas—. Los dos queríamos un pastel de chocolate; yo estaba primero en la fila, lo compré, y la escuché quejarse porque deberían tener más disponibilidad. Dijo las locuras de la vida y después reconocí que estaba postguardia y cansada. Se pidió un café y yo pedí un par de chocolates calientes. Le di uno a tu madre y el pastel; le quité el café porque me parecía un riesgo para la humanidad dejarla ir con más cafeína, y ella sonrió. Me preguntó si podía comprarme alg

