Capitulo 7

1122 Palabras
Durante los días de viaje Franchesca se dedicó a ver cada uno de los lugares por los que pasaban, los valles extensos, las zonas rocosas, las inmensas montañas y finalmente la ciudad escondida entre la neblina. Una vez entraron por las puertas de la ciudad, el ánimo del principe cambió. Los altos mandos de la ciudad salieron al encuentro de los recién llegados, quiénes con entusiasmo reciben al principe aparente. —Principe heredero, es una inmensa alegría tenerlo devuelta en su tierra. Me presento soy el general Boulevard. —General, gracias por su apoyo en mi regreso —Ese es mi deber, Alteza. —El hombre centra su atención en Franchesca— ¿Quien es la señorita? —Su voz reprocha. —Le presento a mi esposa, la princesa consorte, Franchesca Montblanc —Bienvenida, Alteza. —Franchesca sonríe complaciente. Aquella noche la ciudad estuvo sumida en la celebración por la pronta llegada de su próximo rey. La celebración no fue extravagante ni excesiva, a pesar de la prosperidad que la llenó hace algunos años ahora era más que una ilusión, cuando se coronara como rey pondría a funcionar el comercio con las naciones vecinas del sur y norte. *** Franchesca salió del palacio real y se propuso hacer su paseo matutino seguida de un séquito de criadas de palacio, su caminata se ve interrumpida por la presencia del general Boulevard. —Princesa consorte. —Hace una elaborada venia. —General. —Con una seña lo invita a sentarse con ella. —Princesa, se que podría morir por lo que le diré, sin embargo me arriesgaré. El rey de Prey piensa que con usted podrá conseguir dominar nuestra tierra pero no es así. Usted es una belleza y el principe heredero es aún joven para entender los juegos sucios de los viejos, pero estoy yo, no permitiré que el principe caiga en sus encantos y olvide su deber con nosotros. Le pido que se aleje de él, desaparezca de su vida o yo la haré desaparecer. —Soy su esposa, no puedo desaparecer así de fácil, además me está juzgado mal. —No me importa, solo sé que si usted sigue al lado de él, se olvidará de nosotros y se volverá un obstáculo para mí. —Elegantemente se pone de pie y se despide de ella. ¿Acaso estaba demente el general? No podía salir de Taín, eso sería su muerte. ¿Sería capaz aquél hombre de matarla? Lo dudaba. Con duda y temor Franchesca abandona el jardín. *** Cuartel general Los oficiales debatían acaloradamente. —No debemos matarla, ¿Acaso no temes por tú vida? —Habló un comandante —Aun si muero tendré la certeza de que esa mujer también lo hará. Ella solo hará débil el corazón del principe, el no debe mostrar compasión por Prey, si ella sigue a su lado Prey nunca pagará por el daño. —Es cierto lo que dice general, estoy con usted. —No podemos esperar a que la coronen como Reina, si esto pasa ya ningún esfuerzo valdrá la pena .—Finalizó *** Los días pasaron lentamente, el verano término dando paso a la fría brisa de otoño. Esa era su estación del año favorita, ver las hojas caer de los árboles mientras estos quedaban desprotegidos de sus hojas. El viento helado soplaba y movía su cabello azabache con rebeldía. Esa noche Franchesca había dejado a Dayana en su habitación, quería disfrutar de soledad por unas horas. Se acercó al establo, tomó uno de los caballos y galopó hasta las afueras de la ciudad, llegó hasta las faldas de la montaña que rodeaba la ciudad de oro. No había visto a Sebastián durante semanas y se sentía aliviada, respiró profundamente permitiendo que el aire helado entrara furioso por sus pulmones. Se sentía sola y abandonada... No tenía noticias de sus padres. Tras varias horas sentada en la montaña montó nuevamente su caballo con la intención de volver, sin embargo, una voz la detiene. —Se lo advertí. —Un hombre sale entre las penumbras. —General Boulevard. —Princesa, solo quiero el bien de mi pueblo y usted no está entre más planes. —El hombre agarra a Franchesca y emprende el galope, alejándose con rapidez. Tras varios minutos de recorrido se detienen en el pico de la montaña —Sebastian no dejará que esto quede así, lo matará. —El Principe me lo agradecerá. —Una vez ha dicho esto empuja a Franchesca por el precipicio, la joven princesa mira con espanto el rostro del hombre mientras su cuerpo va en caída libre. *** La mente de Sebastián se hallaba confundida debido al sueño y las copas de vino que había consumido, un sudor frío bajó por su frente. —Alteza, la princesa ha desaparecido —¿Cómo que ha desaparecido? —Su mirada empañada se aclara de una sola vez. —Desde anoche su doncella no la ve. —Preparame un baño y trae a los oficiales. Una vez arreglado y con la presencia de los oficiales en la sala de audiencias entra. —Tengo que buscarla, no puede estar lejos. —Alteza, la princesa consorte fue escogida por el rey de Prey, no puede confiar en ella. La princesa puede no ser sincera con ustedes. —Sebastián mira con rabia al general. —¿Que quiere decir? —Alteza, solo le mostraré la prueba de mis palabras. —El hombre llama a su servidor quien trae en sus manos una carta. A medida que Sebastián lee el contenido de la carta su ceño fruncido cambia a la cólera. —Es mentira. —Grita enfurecido arrojando la carta de un manotazo. —Alteza, ahí se ve el sello de la princesa... Es un documento verídico. —Todos ustedes son uno mentirosos, se atreven a engañarme. —Alteza, la princesa fue escogida directamente por el rey de Prey, sus intenciones son claras, quiere unir el oriente a sus territorios y eso lo logra con la princesa. Solo si ella toma el papel de espía. —Eso contradice tu teoría, si fuese espía no escaparía tan apresuradamente, se quedaría para tener más información. —Ella pretendía enviar esta carta cuando fue sorprendida por el general Boulevard y emprendió la huida para no recibir castigo. —Eso no es una prueba suficiente. —Alteza, las pruebas están claras. Puede preguntar a los vigías y todos le dirán que ella salió de la ciudad a altas horas de la noche y sin carabina. Aún dudoso tomó las declaraciones de los guardias quiénes aceptaron inmediatamente que la princesa consorte había cruzados las puertas a altas horas de la noche. Los persuasivos hombres quedaron satisfechos ante la actitud del principe hacía Franchesca. —Alteza, debe capturarla inmediatamente. —Habla el comandante Jill. —Tienes razón. Antes de difundir mi decreto quiero nombrar al general Boulevard como mi consejero y estratega militar. —Será un honor, alteza. —Son 200 piezas de oro para quien capture a la princesa consorte. —El hombre decreta sin ninguna emoción en su rostro, no había rabia ni desilusión ni enojo... Nada.
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