Estaba acostada en la cama mirando el techo de mi habitación, los gritos de mi mamá se escuchaban como un murmullo lejano a pesar de que estaba dentro de mi habitación completamente alterada, ella había encontrado unas cartas que escondí en la gaveta donde guardaba mi ropa interior cuando llegué de Ámsterdam, eran mis cartas de amor privadas... y por amor me refiero a que tenía cosas tan eróticas y pervertidas que obviamente nadie más que yo las podía leer. Pero ella había hurgado dentro de mi ropa interior y las había encontrado. No era ni el mediodía, habían pasado unos días desde que salí a la feria de los caídos y Emma me había dicho ayer que me quedara en su casa a hacer pijamada, pero preferí quedarme, no me había sentido muy bien por el cambio de clima, aunque ahora que me sentía

