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1695 Palabras

Bajé mi mano de mi saludo no correspondido sintiendo mis mejillas llenarse de vergüenza, Draco no tuvo ni la más mínima cortesía, ¿acaso no sabía que la ley de la vida se trataba en simpatizar para que lograra obtener la confianza de la gente? Al parecer a él no le importaba caer bien, eso era extraño. Draco y Stan comenzaron a caminar hacia una atracción mecánica que simulaba ser un ascensor y yo comencé a seguirlos junto con Emma más atrás. —¿Él es así de imbécil siempre? —pregunté confusa, Emma soltó una ligera carcajada y negó con la cabeza. —En realidad no entiendo por qué ni siquiera quiso darte la mano —dijo pareciendo confusa—, Draco es una persona muy simpática y sociable, incluso con desconocidos. Me parecía imposible, Draco ni siquiera parecía tener expresión, era un rostro

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