No somos idiotas Con Santiago nos estábamos vistiendo, él me daba miradas coquetas y yo le sonreía, había sido excelente, ahora entendía porque a la gente le gustaba tanto decirle “El delicioso”. Había sido así, Delicioso. —Luego deberían ir, tú y Derek a la casa… —dice dejando la frase en el aire, yo lo miro. —¿A qué? — —Pues no se, podríamos pensar en una buena estrategia —dice encogiéndose de hombros. —Puede ser… —digo, él enarca una ceja. —Quisiera saber tu nombre —dice, yo pongo mis manos en la cintura. —Tú ya sabes mi nombre —le digo, él niega. —Diosa, es tu sobrenombre — —Si pero si yo te dijera mi nombre, te daría un poco de poder sobre mí —digo, él se encoge de hombros. —Puedo averiguarlo, tengo contactos, además estamos en el mismo equipo, ¿no crees? —dice él, da un

