La fiesta de beneficencia ¿Amor? ¿Qué mierda decía Santiago? Yo no amaba, no de esa forma, sí, sentía algunas cosas por él, pero no era amor y no lo sería. Me quedo parada al ver como Santiago desaparece de mi habitación de un portazo. Pero, ¿Qué esperaba de mí? Me tiro en la cama suspirando, Santiago lo había eclipsado todo, debería estar feliz, había obtenido un triunfo memorable, pero él tenía que llegar con sus sentimientos. Odiaba los sentimientos. La puerta suena. —¿Quién? —grito. —Soy yo —dice Derek. —Pasa — —¿Qué sucede? —pregunta, yo suspiro y me enderezo—. Debería estar feliz con tu triunfo — —Lo sé, pero llego Santiago, demasiado intenso hablando de amor… —digo moviendo la cabeza, él no parece sorprendido. —Bueno, no me sorprende, he visto como te mira —dice, yo n

