Prisionera Lo había jodido, la había jodido mucho, una extraña sensación se apoderaba de mi pecho, como si no pudiera respirar. Sin pensarlo, salí detrás de él, quería que esta sensación en mi pecho se detuviera, el haberlo visto con otra mujer, me hirvió la sangre, los celos me consumieron y solo quería dispararla a la chica. Los gemidos de ella cuando me acerque al baño, y sabiendo que era Santiago quién se los estaba provocando. En ese momento me sentí posesiva, lo quería para mí, solo para mí. Cuando llego al salón, no lo veo, camino hacia Derek, él me mira preocupado. —¿Por qué estás llorando? —pregunta, yo frunzo el ceño y me toco la cara, definitivamente lágrimas bajaban por mis mejillas, me las limpie. —¿Dónde esta Santiago? —pregunto, él hace un gesto hacia la salida. —¿Qu

