BASTIAN Entro a la habitación y ahí está ella, sentada en la cama, aún con la toalla envuelta alrededor de su cuerpo. Levanta la mirada apenas siente mi presencia y me observa. Espero encontrarme con una Elena molesta, desafiante, lista para exigirme explicaciones, para reclamarme que la respete, que no le hable así, pero no. Lo que encuentro es otra cosa. Su mirada está cargada de deseo. Me estudia con intensidad, con ese fuego contenido que me obliga a tensarme al instante. Se pone de pie con lentitud, con una sensualidad natural que me hace sentir la sangre ardiendo en mis venas. Camina hacia mí, despacio, y con cada paso deja caer la toalla, revelando su cuerpo apenas cubierto por ese diminuto traje de baño. Mis ojos la recorren sin pudor, atrapados en cada curva, en cada centímetro

