Sigamos... ANDRÉS El timbre sonó apenas unos minutos después de que la chica se fuera. Todavía con una copa en la mano, me acerqué a la puerta suponiendo que se le habría olvidado algo. Abrí sin pensarlo demasiado, con una sonrisa de lado. —Te dejaste algo, Car- — Solté sin mirar. Pero no era ella. Frente a mí, con el ceño fruncido y los labios apretados, estaba Rey. Su mirada bajó de inmediato hasta mi camisa desabotonada y luego giró levemente la cabeza hacia el pasillo, donde la figura de Carla se alejaba. Algo en su expresión se tensó. — Interesante. — Musitó, cruzándose de brazos. — No sabía que te gustaban las niñas bien. — Mi cuerpo se puso en alerta de inmediato. No porque le tuviera miedo, sino porque su presencia me removía cosas que no quería sentir. Me apoyé en el marco de

