En la mansión de Gerald Davis Maddy miró a Anne salir de la habitación y a pesar de haber tenido hace un momento una expresión de dureza e indiferencia, la verdad es que se sentía destrozada, mas era necesario, no podía arriesgarse, debía ser fuerte y para ello era necesario apartar todo aquello que la hacía sensible y vulnerable. —Lo siento Anne, sé qué has sido incondicional conmigo, siempre he podido contar contigo en las buenas y en las malas, aunque ahora, no puedo mantenerte a mi lado. Tú eres mi talón de Aquiles, y no puedo tenerlo. Prefiero decirte adiós ahora por propia voluntad y no porque alguien pretenda utilizarte como arma en mi contra. Suspiró conteniendo sus ganas de llorar, mientras pensaba en las últimas palabras de su amiga “… Gerald te está usando, no es la buena pe

