CAPÍTULO 1. ¡¿QUIÉN DIABLOS TE ENVIÓ?!

1821 Palabras
Maddison esperaba con ansiedad, caminando de un lado a otro de la sala, mientras su hijo estaba acostado en el corral, ella no podía dejar de observarlo, su corazón rebosaba de amor por su ángel, en ese momento dormía plácidamente, entretanto ella no podía evitar sentirse ahogada, preocupada, era un manojo de nervios y no era para menos, ese era su estado desde el momento en el cual supo que por el bien de su hijo, debía engañar al hombre más poderoso del país. Su conciencia intentaba incordiarla, pero ella no estaba para prestarle atención, porque la vida de su hijo estaba en juego, no le importaba a quien tuviera que engañar, así fuese al mismísimo diablo, estaba dispuesto a todo y poco le importaban las consecuencias de lo que haría, bueno, realmente eso era exagerar, ella solo esperaba que de ser descubierta él tuviera consideración y terminara apiadándose de ella.  En ese momento escuchó la puerta del apartamento abrirse, y vio entrar a una Anne bastante pálida, parecía que iba a caerse en cualquier momento, Maddy la vio y caminó hacia ella. —¿Qué sucede Anne? ¿Por qué estás tan perturbada? —preguntó corriendo tomándola del brazo para sostenerla—. Voy a buscarte un vaso de agua, por favor siéntate mientras esperas. Salió corriendo, sirvió un vaso de agua de la nevera y se lo llevó a su amiga. —Gracias. Estoy muy mortificada, sabes que me pongo así producto del estrés, sobre todo porque tengo miedo de molestar al mismísimo demonio —ante sus palabras el corazón de Maddy brincó en su pecho y la angustia se acrecentó en su interior. —¿Te echaste para atrás? ¿No me vas a ayudar con el plan? —interrogó la joven, sus ojos brotados, revelando de forma clara el miedo que estaba sintiendo en ese momento. » ¿No me ayudarás a salvar a mi hijo? —preguntó de nuevo, viendo a su amiga poner el vaso en la mesita, a un lado. Anne suspiró, pasó la mano por su cabeza en un gesto de desespero, giró la vista hacia el pequeño, no podía retractarse en este momento. —No te preocupes, ya Jacob ha depositado los dos millones de dólares, puedes comprar el medicamento para Patrick —señaló en un susurro. Maddy abrió la boca, la cerró y comenzó a dar saltos, mientras su respiración y corazón se agitaban, producto de la felicidad, sin dudarlo un momento se arrodilló al frente de su amiga, le tomó las manos y empezó a besarlas mientras sus lágrimas corrían por las mejillas. —Gracias, Anne —comenzó a decir—. No me alcanzará la vida entera para agradecerte, tienes mi completa lealtad, siempre la has tenido, esto que estás haciendo por mi es invaluable. Anne se acercó a ella, y la abrazó. —Y no tienes idea de cuánto estoy sacrificando con esto, y no me refiero a la confianza de Jacob Walton, si no mucho más, pero yo amo a Patrick, desde el mismo momento cuando juntas supimos de su llegada y para mí es como si se tratara de mi propio hijo. —Y por eso nunca tendré cómo pagarte, todo lo que has hecho por nosotros —habló la chica volviéndola a abrazar. —Maddy ...—nombró Anne, y su amiga la miró a los ojos—. Hoy mismo debes ir a la dirección que nos van a enviar... y acostarte con él. Ante sus palabras, los ojos de la chica se abrieron de par en par y estos se aguaraparon producto de las lágrimas acumuladas, su rostro palideció. —Yo podré hacerlo... por mi hijo... Yo haría cualquier cosa por él...no importa cómo me sienta, con tal mi Patrick esté bien —señaló con voz suave, para luego alzar su barbilla en un gesto de determinación. Anne se restregaba las manos en un gesto nervioso, y Maddy posó su atención en ella. —Hay algo más, yo no te dije todo, sin embargo...—titubeó antes de continuar hablando—. Lo hice porque era la forma de salvar a Patrick, te oculté información… aunque fue porque no quería agregar más presión sobre ti en ese momento —Su amiga calló como si temiera hablar—. Maddy, Jacob práctica b**m y es un amo. —¿Qué es eso de b**m? —La expresión de Maddy era de desconcierto. Anne se conmovió con su inocencia, porque a pesar de tener un hijo, Maddy seguía siendo inocente en todo el sentido de la palabra.  —Mi Benita, es un grupo de prácticas eróticas libremente consensuadas, incluso se les considera un estilo de vida. Esas letras combinan las iniciales de las palabras Bondage, Disciplina, Dominación, Sumisión, Sadismo y Masoquismo —respondió su amiga, sin poder ocultar su mortificación, porque ella seguía sin entender, hasta que fue necesario explicárselo bajándole información por internet desde el celular, cuando ella leyó su semblante era de angustia. —¿Yo cómo voy a hacer eso? —cerró los ojos con fuerza, las imágenes de cuando fue abusada llegaron a su mente y las desechó—. Podré hacerlo, ¡Sí lo haré! Por mi Patrick lo haré —comenzó a repetir como un mantra. —Hay algo más… Es intimidante, déspota, además, tiene otro defecto ...—Maddy la interrumpió. —¡Ya basta! ¡No digas más! Por favor, no cambiaré de opinión, así tenga el defecto que sea, total ese hombre por muy diablo que sea, para mí será un mismísimo dios, porque gracias a él, podré alargar la esperanza de vida de mi bebé y eso es lo único importante en todo esto. —Está bien, ahora vamos a arreglarte, usarás una peluca rubia, porque él solo se acuesta con mujeres rubias —Maddy, se quedó viendo a Anne y de repente una idea surgió en su interior. —Ann, ¿Te has acostado con él? —preguntó y su amiga apartó la mirada, fijando su atención en Patrick, evadió la pregunta. —Vamos a arreglarte, debes lucir hermosa para que no encuentre nada que objetar en tu aspecto —dicho eso empezó a arreglarla. ***** Salió de su oficina, mientras todas las miradas se posaban en él, apretaba su mandíbula en con un gesto de rabia, debería estar acostumbrado a las miradas impertinentes, no obstante, eso era imposible, no había un solo día en el cual pudiera pasar desapercibido, porque siempre la gente trataba de buscar verlo a la cara o llamar su atención y esto último por el maldito dinero, una maldición y bendición al mismo tiempo. «Malditos chismosos», para su alivio, bastaba solo una mirada intimidante, para que todos retiraran la vista y en muchos de los casos, hasta corrieran lejos de él.  Se soltó la corbata y caminó con firmeza, hasta donde estaba estacionado su auto, cuando estaba subiéndose, un hombre salió de repente e intentó a atacarlo con un cuchillo, sin embargo, Jacob se giró, le tomó la muñeca doblándole la mano, haciéndolo tirar el cuchillo y la otra, se la colocó en el pecho y lo derribó de espalda en el suelo de un solo golpe, dejándolo inmovilizado. Luego lo levantó por el cuello, le preguntó con voz gélida. —¡¿Quién diablos te mandó?! El hombre derribado, a pesar de tener buen tamaño, no pudo evitar sentir temor ante la fiereza del Jacob Walton, siempre escuchaba hablar de él como el hombre más fiero, no solo en el mundo empresarial de Estados Unidos, sino como persona, era inconmovible, cruel, sin compasión, no daba segundas oportunidades y él mismo había tenido oportunidad de experimentarlo en carne propia; y aunque Walton debió haber cambiado de actitud debido a los números atentados sufridos, seguía con la misma arrogancia. Al parecer, el hecho de haber salido ileso de casi todos, le daba un aura de invencibilidad y el derecho de seguir tratando al resto de la humanidad como seres insignificantes o peor, como b4suras.   —Te repito la pregunta, no respondo de mi reacción si continúas callando —espetó apretándolo más del cuello—. ¡¿Quién diablos te envió?! El hombre sentía que estaba a punto de ahogarse, su voz salió estrangulada.  —Nadie, nadie me mandó... Vengo a nombre propio, quería vengarme porque usted me echó sin ninguna compasión... Yo trabajaba en contabilidad, tomé el dinero para pagar los gastos médicos de mi hija y a pesar de regresar el dinero, usted no tuvo compasión, y me tiró a la calle —mencionó el hombre indignado. —¿Y a mí por qué debe importarme tu hija? ¡Ese es tu problema! ¿Por qué la gente trae niños al mundo, si no tiene dinero para mantenerlos? ¿En serio crees que por eso debo tenerte compasión? Echarte fue una benevolencia, la cual no otorgué yo ¿Y no lo aprovechaste? —preguntó, aunque las palabras iban más dirigidas a sí mismo—. Alguien más va a salir despedido, porque mi decisión no fue solo botarte de tu puesto de trabajo, si no enviarte también a la cárcel por fraude contable y alguien desoyó mi orden y no le irá muy bien. Tomó el teléfono y marcó el número del departamento legal, cuando el hombre se dio cuenta, le puso la mano en el brazo para evitar que hiciera la llamada. —Por favor, déjeme ir, le prometo alejarme y no volver a cruzarme en su camino nunca más —suplicó. —¡¿Acaso me crees idiota?! Si algo he aprendido en esta vida es a no tener compasión por nadie, porque luego esa misma gente a quien perdonas, se vuelven hacia ti, para muestra tú mismo, te dejaron ir y ahora hoy has intentado matarme, además, de haber dejado en evidencia a tu benefactor, no habrá otra oportunidad —agregó con firmeza—, no doy segundas oportunidades. Cuando le atendieron el celular, dio la orden. —Bryan Steele, quiero que me averigües y me des una explicación inmediata ¿Por qué el tipo de contabilidad que mandé a encerrar por fraude, no está en la cárcel y me ha intentado matar hoy? Ahora actúa y haz lo que otro dejó de hacer, lo quiero en la cárcel no solo por fraude, también por intento de homicidio, y deseo la cabeza en bandeja de plata, del responsable de no haber cumplido mi orden y una demanda civil en su contra por daños y perjuicios, quiero verlo terminar en la calle mendigando su pan de cada día. » ¿Me has entendido perfectamente o quieres ser el próximo? —preguntó en tono amenazante. —Lo he entendido de manera clara, señor —expresó la persona al otro lado de la línea, sin poder dejar de sentirse nervioso.   «Pueden ser crueles los actos de un hombre, sin necesidad de que el hombre sea cruel.» Emperador Nerón.
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