Rubén estaba en su cama, acostado boca abajo. Desde que había terminado con Amanda, no se había levantado más que para ir al baño y comer algo frugal. El romper tan repentinamente su relación le dolía cada vez más. Aún no estaba seguro de haber tomado la mejor decisión. ¿Quizás haberle propuesto una relación a distancia a Amanda? No. Eso habría sido amarrarla a una ilusión. Conocía muchos casos de relaciones a distancia que terminaron en fracaso. Además, ella vivía, literalmente, al otro lado del mundo. No era como que pudieran visitarse cuando quisieran. Pero, a pesar de saber todo eso, no podía evitar sentir ese vacío, dolor y peso en su corazón. No tenía ganas de nada. Alguien abrió la puerta. Era Mangel, que tenía llaves del apartamento. —Rubiú', no puede' quedarte ahí toda la vida

